“Molestos Vecinos”

Imaginen por un momento que unos molestos vecinos de toda la vida, de esos que con sus excesos y desmanes hacen un calvario la diaria convivencia vecinal, deciden un buen día hablarles para intentar convencerles a ustedes de compartir su reprobable estilo de vida. Estoy seguro que al momento declinarían tal invitación y los comninarían a cambiar, por el bien del vecindario, su forma de comportarse.

Ahora, imaginemos un poco más: el padre de vuestra casa está en etapa terminal y aquel llamado a sucederle en la conducción del hogar, decide prestar oídos a lo que los molestos vecinos le dicen bajo la apariencia de sana solidaridad con respecto a vuestra situación familiar; él escucha los “consejos” de tales personas así que, el día que el padre de familia fallece, el sucesor, ya completamente manipulado, decide que los vecinos ya no son molestos y al contrario, son bienvenidos.

Alarmados pero a su vez avasallados por la vertiginosa cadena de acontecimientos en sucesión, el resto de la familia decide no levantar la voz en protesta y con una parsimoniosa cautela, esperan “a ver que pasa”.

 

cuba1Y esto es lo que pasa: Los molestos vecinos, en su afán por no ser los únicos con una forma “particular” de vivir, intentan propagar su forma de ser a los demás vecinos y encontraron en la casa de ese ya muerto padre de familia, vuestra casa, a uno… el llamado a sucederle; Éste escuchará sus retorcidos consejos hilvanados con sabias y prudentes (a conveniencia) palabras que a la postre desencadenará el final esperado por ellos: la destrucción de otro hogar que como el suyo propio, está en ruinas.

El proceso es lento pero los detalles con el que se ejecuta el plan es de precisión quirúrgica: se establecen relaciones de solidaridad; se identifican con el dolor de la pérdida (muerte del padre) y pesimismo por el futuro; sugieren estrategias para superar el dolor, ofreciéndose a intervenir ellos mismos sacrificando incluso el cuidado del hogar propio por dispensarle toda la atención a vuestro hogar; se introducen y establecen en esta nueva casa y comienzan una operación de división de la familia sembrándoles ideas negativas y haciéndoles creer que son suyas tales ideas mientras en el proceso destruyen lo que siempre ha motivado su accionar: el bienestar y potencial desarrollo de vuestro hogar ahora contaminado, impulsados por los más bajos y egoístas celos. Simplemente maldad pura.

Los miembros de la familia que pueden y deciden no seguir ésta espiral decadente, se marchan fuera de la casa y los que no, intentan sobrevivir al nuevo régimen implantado por los “molestos vecinos” que ahora son los ocupantes “de hecho” del antiguo próspero hogar familiar.

Del sucesor, el causante de llevar a la ruina al hogar que con tanto esfuerzo se había Actaindependenciaconstruído por parte de los padres fundadores, queda poco o nada… hace rato fue desplazado y desapareció fisicamente. Más sin embargo, bajo su anuencia, con la cual se legitimó el acceso a casa de esos “molestos vecinos”, se reivindica un nuevo sistema en el que el desorden, el caos y la ruina han consumido la una vez hermosa y pujante casa.

***

El final de ésta historia ¿pueden también imaginarla? ¿no?

Se las resumo:

La casa yace en ruinas. Más allá de recuperación.

1487357021158Los molestos vecinos aún siguen despegando tablones de sus paredes y tejas de su derruido techo para parchar la pocilga en la que han convertido su hogar originario.

Los familiares que quedan en la casa, imposibilitados a irse ya e invadidos por malvivientes que aprovechan su estado de indefensión, deambulan por sus pasillos, habitaciones y salas en ruinas preguntándose una y otra vez ¡¿como llegamos a esto?! mientras la lluvia que se cuela por los huecos del techo, moja su deteriorada vestimenta y ablanda aún más su alguna vez “bravo” espíritu.

amlopetrocolombiamexico-focus-0-0-480-345Los vecinos de esa comunidad observan; algunos silenciosos, otros más vociferantes lamentando todos el estado de la una vez casa más rica y bella de la calle; ruegan a su vez no pasar por algo semejante jurándose repetidamente que ellos no son iguales a los desdichados por los que ahora levantan sus lamentos al cielo. Desdichados que les tocan las puertas cada vez más frecuentemente, implorando migajas de solidaridad en forma de comida y albergue.

Y es que las goteras son muchas para dormir mojándose bajo ellas y el hambre demasiado fuerte para siquiera pensar en levantarse por lo debilitados que están.

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El Hombre Nuevo

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Hace algunos años, al principio de su desastrosa “revolución”, Hugo Chávez proclamaba que su proceso transformaría a la sociedad venezolana en una sociedad acorde con los valores del Socialismo del Siglo XXI cuyo modelo sociológico impulsaba la formación de “El Hombre Nuevo” que llevaría el estandarte ideológico que representaría una nueva Venezuela.

Veinte años han bastado para ver realizado el sueño de Chávez: el “Hombre Nuevo” formado o nacido en revolución existe y camina por todas las calles venezolanas. Ha logrado amalgamar en su ser todos los valores que propugna la revolución; pero nadie dijo que este hombre nuevo había de ser bueno (en los términos en que entendemos el bien); nadie dijo que debía ser un crisol de virtudes, solo se dijo que iba a ser nuevo.

Y lo es.

 

La sociedad venezolana a través de los años ha ido evolucionando su forma de ser, su interacción y su cohesión dentro de si misma. Hemos pasado de una sociedad colonial en el siglo XIX a una republicana en buena parte del XX, época en la que nuestra idiosincracia, esa por la que otrora eramos conocidos, se definió de manera contundente.

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Los venezolanos éramos identificados como una sociedad abierta, diversa, relajada en cuanto a la política y sobre todo muy alegre. En los últimos tiempos de la IV República, cuando la descomposición social empezó a reflejarse en el modo de vida del venezolano, aun esas características enunciadas anteriormente eran parte esencial del ciudadano común. Éramos “chéveres” a pesar de que las circunstancias nos hacían más cuesta arriba conservar el optimismo.

Entre las tantas cosas del venezolano de aquella época, la que más sobresale era la solidaridad para con nosotros mismos así como para los extranjeros. La empatía era parte de nosotros como personas; los problemas de los demás eran problemas con los que podíamos identificarnos y en base a ello proporcionar nuestra ayuda según fuese el caso. El egoísmo era la excepción y no la regla en la dinámica de la sociedad en general.

 

Pero llegó entonces la revolución con Chávez a la cabeza que en poco menos de dos décadas logró expugnar de nuestra sociedad esas sólidas bases que nos definían; dividió a la nación entre buenos y malos, ricos y pobres, revolucionarios e imperialistas y utilizó una herramienta de control de masa que ha sido típica (y un éxito) en los países que han instaurado regímenes de corte marxistas: el resentimiento.

Chávez utilizó la estrategia de explotar la cara mala de cualquier situación que afectara al venezolano de entonces, exacerbando el daño y señalándole a ese venezolano que él no era el culpable de esa situación sino otros. Es obvio cual sería el resultado de tal estratagema y ese resentimiento provocado en un ciudadano que apenas prestaba oídos a lo que era la política de su país, se enquistaría y daría forma a través de los años, en ese corrompido pensamiento que expresa en su comportamiento “El Hombre Nuevo” socialista.

 

Pero, ¿en que consiste ese pensamiento?

El hombre nuevo es un ser que cree firmemente en los dogmas que justifican la revolución: existe una lucha de clases; el imperio norteamericano quiere esclavizarnos; el estado financiero propio no es culpa alguna de uno sino de agentes externos movidos por el capitalismo; vivir del gobierno y para el gobierno es honroso; si alguien prospera y él no, debe ser “corregido”  a fin de que todos seamos iguales; la lucha nunca se acaba; solo el gobierno y sus líderes nos salvarán como sociedad así nuestros ojos no lo lleguen a ver.

Es obvio que se pretende crear un modelo de hombre parásito, dependiente del Estado y mantener en su proceso de pensamiento una eterna conflictividad que sea beneficiosa para mantener viva la llama de ese resentimiento. Lo que define a este hombre nuevo es que la culpa nunca es de él sino de alguien más.

El venezolano mutó entonces de una sociedad abierta y solidaria a una cerrada y mezquina en la que la indiferencia, el egoísmo y el aprovecharse de la desventaja de su compatriota son virtudes que en la Venezuela socialista se ensalzan: mientras más “vivo” eres, mejores perspectivas de sobrevivir a la lucha de clases tendrás.

Pero el peor aspecto de antivalores de El Hombre Nuevo es el que día a día toma más fuerza y poder en esta deteriorada sociedad: el antisocial.

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Los ves en las calles de todas las ciudades y pueblos de Venezuela, con su hablar “malandreao” escuchando reguetón u otro ritmo urbano de pseudo-música; haciendo de las suyas en alguna moto, en auto o a pie; presumiendo un arma por lo general demostrando el nulo respeto por una sociedad de leyes o por el derecho del prójimo; para este tipo de personajes no existen reglas ni medidas morales que le limiten.

Debido al desmontaje progresivamente acelerado del modelo educativo pre-socialista y reemplazado a su vez por improvisaciones sin estudios curriculares adecuados, los jóvenes en Venezuela se han creado un modelo a seguir: el vago que hace sus propias reglas y no cree en nada ni en nadie es el epítome de lo que la sociedad venezolana representa hoy; un parásito que busca el dinero fácil ideando maneras creativas de obtener tal propósito en detrimento de los demás.

La escuela es un lugar más donde afianzar su presencia y hegemonía antisocial, en donde el interés por aprender conocimientos se ha visto reemplazado por el de conocer vicios y modos corruptos de llegar a la cúspide de la descomposición moral. Las aulas se han convertido en centros donde la ignorancia y el desprecio por la civilidad son cultivados creando así a futuras piltrafas y marginales sociales. De todo ello se ha nutrido los nuevos grupos de poder que dominan y aterrorizan a la población venezolana; aquellos que tienen en los barrios o en un penal, su centro de comando desde el cual extorsionan, roban y asesinan de manera inmisericorde y atroz a todo aquel que se le cruce en la capitalización de sus perversos propósitos.

La mayoría de la nueva sociedad venezolana comulga con este modelo y lo acepta como la regla y no la excepción.

Personalmente, los puedo ver incorporados en todos los aspectos de la vida diaria venezolana que el gobierno ha tocado, en este caso, todos. Ya sea como grupos de choque (colectivos), de control social (consejos comunales), de paramilitares: milicias, pranatos y guerrillas que están en poder de aspectos antes productivos del país como minerales (las minas), entes gubernamentales, programas sociales entre otros.

También los veo en la cara de esos venezolanos que cada día son mayoría que prefieren vivir de joder a los demás que de procurarse una educación y un sustento digno. Y si, cada día son mayoría ya que la mayoría de los ciudadanos que no comparte esta nueva forma de sobrevivir, han emigrado y personalmente pienso que ésta es la estrategia del gobierno revolucionario: dejar que los educados se vayan y quedarse con la masa ignorante que es más fácil de manejar.

***

No veo esperanza alguna a corto o mediano plazo en el supuesto negado que el socialismo y su mal llamada revolución bolivariana caigan en Venezuela. Con tanta gente preparada fuera del país, a la que el dolor de haberlo perdido todo le impide pensar en volver y a su vez con tanta gente cuyo pensamiento “de cerro” les impide ver más allá de lo que sus pobres mentes conciben como beneficio propio (CLAP, bachaqueo, contrabando, entre otros), se hace una tarea virtualmente imposible la de sanar a una sociedad podrida como en la que actualmente se ha convertido la venezolana.

Sin modelos educativos eficientes y la institucionalización del antisocial como modelo de Hombre Nuevo, se tardarán décadas para crear una nueva sociedad que no se auto destruya como la actual. Se tardarán decenas de años para que algo medianamente a lo que éramos en la Cuarta República, pueda ser realidad de nuevo.

Ya no somos “chéveres”, nos despojamos de nuestro manto de civilidad y ciudadanía para seguir la quimera de un resentido social que aprovechó nuestra ingenuidad política para sembrar su odio y propagarlo en lo que una vez fue la nación más vanguardista de América Latina.

A los que creemos en Dios, lo podemos imaginar desde su paila infernal: sonriendo, al ver su legado más significativo, destruir a una nación y un país entero.

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Sobre Héroes y Cobardes

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Héroes de una nación

Hace unas semanas me topaba con la noticia por Facebook acerca de un soldado estadounidense que ante el cruce de un cortejo fúnebre, había detenido su auto y bajándose de él bajo una intensa lluvia, se colocó en posición de “firme” para mostrar su respeto a la caravana mientras ésta hacía su recorrido. La foto de la noticia con que inicio éste escrito es la que encabeza el mismo; la actitud de éste soldado anónimo me dejó conmovido, al igual que las cientos de miles de personas que comentaron o compartieron la imagen.

También me hizo reflexionar acerca de los principios y valores que a pesar de los errores, se les inculca a los militares estadounidenses entre los que el amor al país, a su bandera y el respeto a la constitución son pilares que han definido a los cuerpos militares yanquis y que a lo largo de los años, han sido popularizados en producciones de Hollywood.

Si bien es cierto que el soldado estadounidense es símbolo de la práctica del intervencionismo norteamericano en el mundo, tampoco es menos cierto que la defensa de su país y su modelo de nación están por encima de cualquier líder o pensamiento que colide con esa especie de modus vivendi: el estilo de vida americano. Ello implica que sus instituciones democráticas, el modelo de familia y su visión del “deber ser” son enseñados y defendidos a ultranza por aquellos que se ponen al servicio de su nación usando un uniforme militar.

Sea por haberlo aprendido de las películas hollywodenses o porque he podido estudiar el código de ética militar estadounidense y verlo siendo practicado por los soldados del norte, no dejo de admirar ese apego a hacer lo correcto (do the right thing) para la defensa de su nación y de lo que son como sociedad fundamentándose en esos principios y valores inamovibles como ese soldado parado bajo la lluvia.

Eso ha hecho que la mayoría de los ciudadanos norteamericanos cuando se refieren a un Marine, un Ranger o un  simple Private lo hagan como si se hablara de un héroe ya que para ellos, el sacrificio que hacen estas personas para pelear guerras en lugares tan lejanos solo para defender la supremacía y el modo de vida de su país, los hace dignos de ese calificativo y del mayor respeto entre ellos.

En una encuesta realizada por Gallup en Junio de 2017, se mostraba que el 72% de los norteamericanos manifestaba un fuerte apoyo por sus militares, un 21% manifestaba algo de confianza y solo un 7% los desaprobaba. Esto demuestra el fuerte lazo que une a los ciudadanos con sus tropas. Tal información (disponible en su sitio web) me demostraba que si bien el estadounidense común pueda estar en desacuerdo con las guerras en las que su país se metía, no asociaban esa decisión con sus soldados. De ellos se expresan con orgullo.

Ese es precisamente el punto que quiero abordar: no el de las motivaciones políticas o geopolíticas que lleven a Estados Unidos a la guerra sino del sentimiento de identificación que tiene ese pueblo con respecto a sus tropas. No abordándolo desde un punto de vista sociológico sino más bien contrastarlo con la realidad respecto al mismo tema que vivimos en Venezuela.

Según datos arrojados por la encuestadora Datincorp realizada el 18 de febrero de 2016, la popularidad de la Fuerza Armada Nacional entre los ciudadanos venezolanos era apenas de 6%, y eso antes del inicio de la ola de protestas que han dejado más de un centenar de asesinados en su mayoría por uniformados castrenses.

¿A que viene tanto repudio a una institución que antes de la llegada de la Revolución Bolivariana era una de las más respetadas entre la población venezolana?

La respuesta es simple.

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Represión militar de manifestantes contrarios al gobierno de Maduro

 

Desarticulando la institucionalidad

Desde que Hugo Chávez llegó al poder se dio cuenta de la necesidad de debilitar a la Fuerza Armada tal como estaba estructurada ya que la misma permitía que en caso de un desacuerdo con su autoridad, ésta se rebelara y se levantara en armas contra él cosa que el mismo demostró cuando dio el fracasado Golpe de Estado del 4 de febrero del 92 contra el presidente Pérez. Lo que hizo a continuación fue desplazar la doctrina entre oficiales de institucionalidad y valores por una desviación que derivó en el culto al líder. Implementó una política de transformar a la suboficialidad en oficiales con rango equivalente a sus años de servicio lo que hizo que los oficiales no salieran de las academias militares sino que cualquiera sin haber pasado el requisito de ser Licenciado en Ciencias y Artes Militares, podía llegar a General haciendo a la oficialidad subalterno de la suboficialidad.

Destruyó así la estructura jerárquica y de méritos que imperaba en la Fuerza Armada. Ascendió a militares leales a él y no a la constitución y la defensa de los ciudadanos. Desfiguró a las Fuerzas Armadas de Cooperación (Guardia Nacional) para convertirlos en mercenarios al servicio político personal.

De entre los más odiados están éstos últimos: la Guardia Nacional es actualmente el símbolo de la represión y la violación de Derechos Humanos más grande de la que se tiene memoria en el país suramericano. Tal corrupción de éste componente militar empezó con la importancia que se le prestó más a quienes debían ser leales que a su preparación: el período de educación y entrenamiento de un Guardia pasó de dos años a seis meses y lo que se enseña mutó de la colaboración a la FAN y a los sectores más necesitados del territorio nacional a el de seguir a ultranza los caprichos y desmanes de aquellos que enarbolan la bandera revolucionaria y no la del país.

Resulta paradójico que el juramento que se hace al ingresar al cuerpo castrense, sea para hacer carrera en ella o prestando servicio militar sea el de respetar la constitución, defenderla y proteger a los ciudadanos contra cualquier enemigo interno o externo; paradójico porque eso que precisamente juraron es lo que hoy abjuran: violan la constitución y asesinan a los ciudadanos.

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Militar venezolano asesina a manifestante en Base Aérea La Carlota

Y el supuesto rechazo a la injerencia extranjera representada en las mentes chavistas y revolucionarias como el imperio norteamericano muestra su contradicción más espuria cuando se permite que una nación extranjera intervenga en el adoctrinamiento y disciplina del cuerpo castrense. Sobre todo si esa intervención viene de una nación que ha arruinado a su propia población por más de 60 años bajo una dictadura comunista implacable: Cuba.

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Desfile 5 de Julio: Comandante venezolano utilizando bandera cubana.

 

Formando Cobardes

Si en algo se ha destacado la otrora “gloriosa” Fuerza Armada Nacional es en hacer de la corrupción su principal arma. Para nadie es un secreto que los militares controlan casi todos los sectores de la economía del país. Inclusive, su deshonra llega al grado de aceptar puestos creados para hacer de su labor corrupta algo institucional: en Venezuela hay generales encargados de rubros alimenticios como el general del pollo, el general del arroz y otros como de productos de aseo como el general de los pañales o el general del papel sanitario. Tales cargos creados para (según el gobierno) gestionar de manera “eficiente” tales insumos y así derrotar a la “guerra económica” promovida desde el imperio (E.E.U.U.)

Militares que controlan PDVSA (estatal petrolera); militares que controlan las Empresas Básicas de Guayana; militares que hacen miles de millones de dólares con el contrabando de combustible en las fronteras venezolanas o la más temida asociación de generales que sucumbieron al tráfico de drogas como método de enriquecimiento y poder, amparados en su investidura: el “Cartel de los Soles” (por ser el sol la insignia oficial de un general en Venezuela) que ha convertido al país en una potencia narcotraficante.

Tal descomposición del estamento militar ha generado una profunda desmoralización en la tropa y los cuarteles al punto que han adoptado e institucionalizado las prácticas de corrupción como su nueva Visión y Misión como militares. Esta sistemática corrupción reinante ya ni siquiera es disimulada y dentro de ellos mismos, la práctica de la extorsión, el chantaje, el tráfico de influencias y la compra de puestos y ascensos es algo normal ya para los mismos.

Cuando ves las imágenes a través de los medios y las redes sociales de las atrocidades que cometen contra las manifestaciones que protestan como método de lucha a la dictadura de facto instaurada por Nicolás Maduro y sus secuaces, puedes entender que algo debe estar muy malo dentro de el cuerpo militar para hacerlos ver tan repudiables que los deshumaniza y los descalifica como personas.

Tales prácticas solo se ven en tiempos de guerra y contra enemigos extranjeros y paradójicamente la única guerra que han peleado (y que aun no consiguen ganar) estos militares ha sido contra los ciudadanos manifestantes contrarios a la dictadura de Maduro; a pesar de utilizar métodos prohibidos por los Acuerdos de Ginebra y calificados por el Estatuto de Roma como Crímenes de Lesa Humanidad.

La vergüenza los cubre, la deshonra es su divisa. Todo aquello que juraron proteger y combatir hoy lo pisotean así como lo hacen cuando asesinan jóvenes y siembran terror entre las urbanizaciones de las distintas ciudades venezolanas, apoyando a grupos paramilitares creados por Chávez (los colectivos) para terminar de perder cualquier respeto por sí mismos como soldados y como institución.

El rechazo es tal, que cuando no están en servicio sembrando terror y muerte, se abstienen de usar el uniforme por temor a que algo les pueda suceder producto del desprecio que la ciudadanía les tiene porque ellos mismos saben que un gobierno con un rechazo del 80% de la población y con un índice de pobreza por encima de la misma cifra solo es sostenido por ellos.

 

Hoy, esos cobardes que usan el uniforme para investirse de autoridad y amparándose en ella destruyen no solo a Venezuela sino al legado de los valientes que junto a Francisco de Miranda y Simón Bolívar forjaron la libertad a costa de grandes sacrificios pagados con sangre. Libertad de la que se aprovecharon para volver las armas contra sus ciudadanos y compatriotas, convirtiéndose en traidores de la patria.

 

El final de los héroes

Estados Unidos es la mayor democracia occidental de este planeta y la convicción con que sus militares asumen este precepto y lo defienden se logra con una doctrina basada en valores, institucionalidad, el respeto a la constitución y las leyes.

Nada comparado con la cobardía y deshonra de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana de Venezuela. Y es por sus acciones que cualquier crítica contra los Estados Unidos y sus supuestas violaciones a los Derechos Humanos se invalidan con las atrocidades de la que son autores los militares venezolanos.

Es por ello que la imagen que tienen los soldados norteamericanos tiene tal aceptación entre su población: respeto, a la constitución y el amor por su país. Es lo que reflejan la mayoría de los elementos que conforman sus fuerzas militares y es por eso que sus ciudadanos se sienten orgullosos e identificados con cada uno de estos “héroes” que hacen posible la libertad de la que disfrutan en un mundo cada vez más difícil y globalizado donde las nociones de fronteras y nación son abstracciones y hasta anacronismos en un escenario geopolítico complejo.

Al final, los honran y les rinden tributo a esos que sean por las razones que los políticos en Washington decidan el porqué deben pelear, lo hacen creyendo firmemente que defienden una nación y no a un político o causa perdida; y más que eso defienden una idea de lo que deben ser como nación.

Esa misma idea que plasma ese empapado y solitario soldado anónimo mientras en posición de “firme” rinde honor a aquellos que ya no están con nosotros.

Un héroe y para nada un cobarde.

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Sepelio soldado estadounidense – AP

Carta a quien aún duda

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La Alborada

En esto días de protesta he sentido muy oprimido mi corazón. Algunas de las razones de mi aflicción son compartidas por muchos venezolanos, tanto dentro como fuera del país. A continuación, las hago verbo.

La injusticia. Admito tener serios problemas contra ella. Desde que comenzó la represión no duermo bien, no trabajo bien, no como bien, no escribo bien, casi nada hago bien; mi cabeza está dispersa, regada como agua en el piso y es porque las actuaciones represivas están llenas de injusticias. Un efectivo de un cuerpo de seguridad solamente puede detener a un ciudadano cuando este sea atrapado en flagrancia, la ley es completamente clara en esto. Lastimosamente, los organismos públicos encargados de resguardar nuestra seguridad no actúan de esta manera. Hoy en Venezuela te pueden detener, golpear salvajemente y hasta matar por la simple razón de manifestarte pacíficamente, por salir a la calle a gritarle al gobierno…

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El Nobel de Santos

e2cCaía la tarde en la vetusta Cartagena de Indias mientras los últimos rayos de sol tropical iluminaban de oro líquido el recinto donde minutos más tarde se firmaría con una pluma labrada en el casquillo de una bala de fusil, el tan mediáticamente celebrado “Acuerdo de Paz” que pondría fin a más de medio siglo de conflicto interno entre el Estado Colombiano y la guerrilla marxista de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC-EP). Acuerdo que en el papel sellaría definitivamente una paz que había sido tan esquiva y que tanta sangre de inocentes ha derramado junto a tantos desplazados entre otras víctimas no menos importantes.

Santos observaba con mirada autocomplaciente como iban pasando uno a uno los presidentes y representantes de países extranjeros a presenciar el forjamiento de su legado y la inscripción de su nombre en la historia de los grandes estadistas. Para el presidente colombiano, llegar a este momento le significó arriesgarse a participar en un  juego político del cual salió airoso por poco pero que el coste social para los colombianos apenas se vislumbra hasta donde llega su alcance.

Dejando de un lado toda la raíz e historia de éste conflicto, intentemos entender como un presidente que fustigó con todo el poder militar mientras era ministro, a una guerrilla que gracias a su acción y del entonces presidente Uribe Vélez, venía en decadencia, firma ahora una paz con tintes de impunidad y premura hacia quienes en tantos años se les combatió sin cuartel.

Desde que el presidente Uribe asumió el mando, se empeñó en hacer desaparecer el poder militar de las FARC. Cuando entonces logró la desmovilización paramilitar en 2006, le quitó la legitimación política de la que gozaba la guerrilla combatiendo a las autodefensas. Santos era entonces Ministro de Defensa de Colombia y bajo su mando, las fuerzas militares asestaron los golpes más duros al grupo irregular: la eliminación del Mono Jojoy y de alias Raúl Reyes. Durante su gestión ministerial también desaparece físicamente el líder tradicional de la guerrilla bajo circunstancias confusas alias Tirofijo; el grupo disminuyó su capacidad operativa de movilización de unos veinte mil hombres aproximadamente a unos siete a ocho mil hombres en su momento más bajo.

Se puede decir entonces que éste hombre que hoy se empecina tanto en la aprobación de los acuerdos de paz, ha sido uno de los enemigos más fieros de los guerrilleros. Hoy, Juan Manuel Santos, se ufana de haber puesto fin a la violencia, negociando un acuerdo que entre otras cosas le ofrece garantías excepcionales a las FARC que rayan en el “borrón y cuenta nueva” para todos los males que se le ha infligido a la tierra neogranadina debido a este conflicto.

Ninguno de los cabecillas de la guerrilla pagará por sus crímenes entre los que destaca el homicidio, secuestro y narcotráfico entre otras atrocidades. Las sanciones para el resto del componente rebelde serán casi simbólicas en comparación con el castigo de esos delitos comunes en la justicia ordinaria colombiana, gracias exclusivamente a esa especie de régimen jurídico transicional que el presidente impulsó como otra de las garantías para lograr la anhelada paz. Zonas de desmovilización, plazos en la entrega de las armas, subsidios para el abandono de la actividad del narcotráfico y facilidades de integración a la vida civil para criminales que el colombiano común solo soñaría con tener. Así se firma la paz en Colombia, premiando a criminales y sepultando bajo una especie de olvido acordado por los protagonistas a los millones de víctimas de éstos “valientes de Marquetalia” que ahora se visten de legitimidad y beligerancia política en el nuevo cuadro que se redibuja del Estado colombiano, ya que no solo el regalo de una amnistía general no declarada basta para mimar a los guerrilleros sino que también la participación política de los hasta hoy rebeldes está garantizada: curules fijos en el Congreso de la República y ventajas groseras sobre el resto de los partidos políticos que hacen vida en Colombia.

El presidente negoció a más de cuarenta millones de colombianos por menos de diez mil guerrilleros a cambio de su lugar en la historia… Un Crimen de Lesa Humanidad mayor a los que han perpetrado los guerrilleros.

Santos sonríe mientras canta un grupo coral al terminar éste su discurso, se aproxima el momento del acuerdo y por su mente podría estar pasando una cantidad abrumadora de pensamientos pero estoy seguro que uno es el que toma más fuerza: su legado está siendo asegurado. Se firma con la pluma-fusil el acuerdo: Timochenko sonríe, Santos le corresponde mientras su figura camina a pasos agigantados hacia la capitalización máxima de sus esfuerzos por la paz, el Nobel.

 

 

Para que la libertad de los ciudadanos pueda existir en su sentido pleno, ¿el estado ha de ser reducido a su mínima expresión?

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La interrogante con la que titulo el presente ensayo puede entenderse a simple vista de dos maneras: la primera de forma sencilla interpretando las definiciones de cada uno de las palabras clave como “libertad” y “estado” las cuales en el conocimiento empírico que nos caracteriza a la mayoría de las personas se interpreta de manera simple y somera que se resume en que para ser verdaderamente libre no deberían de coartarnos nuestra libertad de expresarnos y mientras el estado no lo haga somos entonces realmente libres. La segunda manera de interpretarlo es un poco más complicada y despojada de simplismos tan impactantes como para no darle un verdadero valor al sentido en que se pueden expresar estas palabras. Dejándonos de rodeos, según esta segunda interpretación, la frase nos invita a elaborar una profunda reflexión de lo que es ser verdaderamente libres y de cómo se maneja esa libertad en el plano real que vivimos a diario y como la ejercemos, empecemos entonces por definir el significado de lo que encierran verdaderamente estas palabras.

En primer lugar está la libertad, esa palabra que tanto ha dado de que hablar y que en su nombre se han batido a muerte millones de seres humanos a lo largo de la historia, pues esa libertad en sentido estricto nos dice que “es la condición del que no está sujeto a poder extraño o una autoridad arbitraria o no esta constreñido por una obligación” (Diccionario de la RAE); esta definición nos aclara la absoluta necesidad de ausencia de coerción para el ejercicio de la libertad individual o colectiva de cualquier persona. La filosofía nos enseña también que libertad es toda forma de oposición a un determinismo lo que nos coloca en posición de jueces y ejecutores de hacer u obrar de acuerdo a nuestra necesidad, Kant en sus obras críticas así lo reconoce al concederle validez para el mundo de las cosas como son, es decir, el mundo real. De esto deducimos una constante presente que es la de establecer un poder de autodeterminación imperturbable por  parte de agentes externos.

Ahora, la libertad siempre ha estado ligada como instrumento bandera de las luchas ideológicas que salvo ciertas excepciones, la propugnan como la base de sus sistemas y filosofías con lo que buscan imponer un nuevo orden donde el concepto tome la faceta que ellos quieren otorgarle según sus intereses. Vemos ahora como la libertad varía y se multiplica en una diversidad tan amplia que agrupar todas sus acepciones constituiría una tarea insoportable, quedémonos entonces con lo que nos compete que es, ¿cuál es el valor de ella dentro de los sistemas e ideologías que más empeño ponen a la hora de enarbolarla como su estandarte?; según las teorías que más se radicalizan con la aplicación tajante del concepto encontramos a el anarquismo, el comunismo entre otros, también encontramos las que hacen un uso de las facultades que otorga al individuo dentro del marco de lo permitido por las leyes y un marco regulatorio del estado donde los individuos estén viviendo.

Según Méndez y Vallota (2001) el anarquismo se define como “una filosofía social centrada en el enfoque que concibe a la libertad e igualdad plenas, ejercidas en el marco de la solidaridad, como condiciones indispensables para el progreso humano en lo individual como en lo colectivo”, esto es una concepción distinta a lo que conocemos trivialmente como anarquía que por lo general remitimos nuestra imaginación a un ambiente de caos y sin reglas lo cual no es algo objetivo; según esto el anarquismo propone la eliminación absoluta de un sistema regulador que en este caso sería el Estado, como única vía para garantizar la libertad plena de la persona ya que dicho estado provee un mundo de reglas y prohibiciones que limitan un ejercicio pleno en stricto sensu de la palabra. El comunismo por su parte según lo define Marx es un estadio previo a la llamada “dictadura del proletariado” que si bien no habla expresamente de la absoluta libertad individual, propone la eliminación del ente regulador referido anteriormente. En este punto es donde tienen semejanza ambas teorías pero podemos decir que las dos carecen de un sustento práctico y que sea válido que pueda otorgarle eficacia al momento de ser aplicadas en primer lugar por la siguiente razón, el anarquismo se basa en que no necesitamos la existencia de un estado “per se” sino mas bien apelar a la solidaridad natural de las personas para que en un marco de acuerdos mutuos ejercer el pleno derecho de actuar sin necesidad de coartar el derecho del vecino ni limitar el propio; esto con todo el respeto por los que impulsan esta ideología suena más como una utopía que como algo que pudiera llegar a ser real porque (permitiéndome ser pesimista) la solidaridad no es una constante en el carácter del comportamiento humano y para ejemplo de esto que digo está la historia y la larga y amarga cadenas de infortunios que han tenido que pasar pueblos enteros por defender o pretender ejercer el derecho sobre algo o alguien. Ahora el comunismo establece más que una libertad absoluta del individuo, la igualdad de todos estos en un solo conjunto colectivo que al estar representado en igualdad de condiciones unos con otros ejercen libertad plena para generar un bienestar en conjunto; mi observación es que Marx fue muy objetivo con lo que quería expresar pero su obra carece de los pasos o estrategias necesarias para lograr su cometido y el resultado de eso es que los gobiernos que han intentado seguir la línea propuesta por él han fracasado por no haber adaptado la estructura estatal a los nuevos esquemas sociales en su mayoría salvo honrosas y muy valientes excepciones.

Pero ahora, tomando el factor de conflicto que las dos corrientes ideológicas anteriores luchaban por reducir nos encontramos con la figura del Estado, es decir aquel ente jurídico y político que conforma el sistema por el cual se rige la administración de una nación. Dentro del abanico de posibilidades en la concepción de los estados tenemos una amplia gama como acepciones tiene la palabra libertad. Existen estados, democráticos, sociales, socialistas, comunistas, dictatoriales, absolutistas, entre otros muchos. La característica principal que matiza estos estados es la de significar dentro del territorio sobre el cual está establecido, el principal ente regulador de la vida política del país. En la mayoría de los países latinoamericanos hemos conocido tipos de estado represor y de derecho por el pasado común de luchas personalistas por hacerse del control de los países por parte de los gobernantes y de las actuales democracias que surgieron de la necesidad de salir de esa represión a la libertad que los dictadores aplicaban. Estas democracias han tenido sus traspiés debido a los problemas subsistentes de los regímenes anteriores a ellas como la corrupción, la mala administración o la pésima aplicación de una política administrativa que resulte eficaz lo que ha generado una constante búsqueda de nuevas alternativas de evolución que otorguen un estado más justo y con mas participación política a los ciudadanos que viven en los países donde esta forma de gobierno están instauradas.

Los estados de época contemporánea se han debatido en la elección de un sistema que otorgue un equilibrio entre definir las reglas del juego en un país y hasta qué punto pueden intervenir. Tenemos estados con políticas liberales donde el estado busca reducir su intervencionismo a favor de los intereses del mercado que en el mueven la economía; tenemos también estados donde se marca un profundo intervencionismo a favor de conservar el poder a costa de lo que sea y no comprometer la posición que ocupa sobre sus ciudadanos, estos estados se podría decir son los que más coartan la libertad de expresión sacrificándola en pos de un interés nacional que se supone beneficie a todos. En algún punto entre estos dos polos de modelos de sistemas estatales se encuentran aquellos que si bien intervienen en materias esenciales o estratégicas dan lugar al ejercicio relativo (dentro de lo que el principio de legalidad en dicho estado permita) de la libertad de sus conciudadanos, algunos autores sitúan estos modelos estatales en la figura teórica del Centralismo Democrático. En este modelo, la libertad plena se sacrifica en pos de obtener la máxima eficacia para la ejecución de los fines del estado y se caracteriza por estar marcado por la participación activa de los ciudadanos en los procesos decisorios del estado a través de el ejercicio del sufragio para aquellos temas que lo requieran y de varios principios democráticos que garantizan que el estado no institucionalice la corrupción como política (mandatos revocables, rendición de cuentas, etc.); el problema de esta concepción es la falta de un mecanismo efectivo que “comunalice”  el poder en la estructuras primarias como son las comunidades de manera que el ejercicio de la libertad sea regulado en su ejercicio desde las bases. Decíamos que este tipo de estado tiende a sacrificar ciertas libertades en pos de la eficacia porque se caracteriza por ser muy interventor en aspectos claves como economía y educación; la finalidad de esto es asegurar el cumplimiento de los objetivos tanto en el aspecto ideologizante como en la justa distribución de la riqueza y de allí surge su principal crítica ya que aglutina en su poder las estructuras básicas en las que funciona su sociedad y la libertad que otorga es relativa.

Entonces aceptamos que la idea de libertad absoluta, el ejercicio de esta y la de estado (cualquiera sea su forma) y su naturaleza regulatoria de lo que es legal o permitido son postulados que se contradicen muy claramente, es por ello que es necesario establecer si el ejercicio de la libertad plena es compatible o por lo menos puede de alguna manera tratar de encajar con la idea de que no puede todo lo que el hombre desee hacer ser hecho únicamente por el simple deseo que este así lo quiera ya que implicaría un problema el delimitar cuando la libertad de uno  interfiere o no con la de otra persona que es la idea principal de la filosofía de los estados modernos que conocemos, defensores del derecho y las leyes.

Siguiendo con la idea básica de estado y su relación con la libertad debemos primero preguntarnos ¿de qué manera influye la existencia del estado en el ejercicio de la libertad de los ciudadanos de un país? Y en segundo término ¿Cómo lograr que esta libertad sea ejercida dentro de los máximos parámetros posibles? , con respecto a la primera pregunta la forma regular en que lo hace es que el estado tiene el derecho de ejercer la única violencia que se podría decir “legal” cuando existan situaciones que amenacen la estabilidad de este o la seguridad tanto individual como colectiva, estos estados se manifiestan como de “Derecho” donde el marco jurídico que los regula establece que cosas son permitidas a sus ciudadanos y que no en aras de mantener el respeto al derecho de los demás habitantes del país. García Pelayo (1981) dice: la idea del Estado de Derecho tiene sentido desde el punto de vista jurídico y político, en tanto que representa la funcionalidad del sistema estatal, e introduce en ese sistema la normalización, la racionalidad y, por ende, la disminución de factores de incertidumbre. Esta disminución estaría garantizada por la aplicación de las leyes que protegen los derechos relativos que gozan los ciudadanos pero así como existen derechos también existen deberes a los que el ciudadano deberá atender para poder hacer ejercicios de los primeros y contribuir con el estado en el mantenimiento de la funcionalidad del sistema. A diferencia de los estados con regímenes totalitarios que buscan defender las facultades que tienen sobre los demás individuos, el estado de derecho impulsa defender es precisamente los de cada individuo, entonces la cuestión es saber cuándo dicho estado en sus acciones de coerción sobrepasa el límite y viola la libertad individual.

Todo esto que se ha explicado puede entonces darnos una idea de porque el estado ejerce los controles que ejerce y también en qué sentido afecta la libertad absoluta de las personas pero lo llamativo es poder dilucidar si este control de la libertad absoluta es bueno o por el contrario limita nuestras capacidades de superación dentro del ámbito en que nos desenvolvemos. En mi opinión personal el estado no debería de ser reducido a su mínima expresión ya que no todos estamos en la capacidad de saber cuando la libertad que ejercemos se transforma en libertinaje; Simón Bolívar proclamaba que la libertad de los individuos y de los pueblos era un derecho inalienable e irrenunciable pero también expresaba en su prolífica obra discursiva y en sus proclamas la necesidad de la implementación de leyes justas que garanticen que el ejercicio de la libertad no se pervierta y se desvirtúe de los principios morales que todo ciudadano que ose ostentar tal titulo dentro de una república debería tener. La constitución de 1999 también lo expresa así en sus principios fundamentales basándose en la doctrina que nuestro libertador y padre de la patria nos legó:

Artículo 1:

“La República Bolivariana de Venezuela es irrevocablemente libre e independiente y fundamenta su patrimonio moral y sus valores de libertad, igualdad, justicia y paz internacional en la doctrina de Simón Bolívar, el Libertador. Son derechos irrenunciables de la Nación la independencia, la libertad, la soberanía, la inmunidad, la integridad territorial y la autodeterminación nacional”

Constitución Nacional de la República Bolivariana de Venezuela

La libertad entonces puede ser ejercida dentro de parámetros que garanticen que los demás también tengan derecho a ejercerla por igual y ese ejercicio deberá ir acompañado de un alto grado de moralidad y conciencia para que su goce redunde en bienestar tanto personal como colectivo.

Tomando en cuenta la experiencia venezolana como referencia principal ya que nos atañe directamente, el ejercicio de la libertad siempre se ha visto afectado desde nuestra independencia hasta hoy en día. Los gobernantes se han caracterizado por un marcado personalismo a por una completa apatía hacia los ciudadanos del país por lo que la recta aplicación del derecho y la justicia han estado al servicio de los más privilegiados quedando una gran mayoría excluida y vejada que solo podía observar inmóvil como eran vulnerados sus derechos, esto no pasó solo en la dictadura sino también en los cuarenta años de democracias bipartidista de la cuarta república. Esto representa una vergüenza que debería llamarnos a la reflexión a todos por igual como habitantes que somos de este gran país. Cuando la refundación del país tuvo lugar en 1999 y se estableció la revolución bolivariana con el presidente Chávez, se abrió un nuevo proceso de construcción de las leyes de la república, con esta apertura también se abrió la puerta para que los tradicionalmente excluidos que representan a la mayoría se incorporaran al nuevo enfoque de igualdad y libertad que impulsa la revolución. La constitución nos devuelve lo que por ley de derecho natural nos corresponde que es el ejercicio de la libertad  y su defensa frente al mismo estado que también creó al ser sancionada. Y no se trata de una reducción del papel del estado sino más bien del reconocimiento de éste a los derechos fundamentales consagrados en la carta de las Naciones Unidas (1947) y otros afines que se derivan del ejercicio de los fundamentales.

La presencia del estado entonces se torna fundamental, no como ente represor y que coarta los derechos individuales sino como garante del respeto a los derechos y libertades civiles que tienen los ciudadanos y que pueden ser ejercidos a plenitud dentro de un sistema que asegure igualdad ante la ley de todos y cada uno de nosotros apara que entonces el ejercicio de la libertad se realice de una manera eficaz y que propenda a generar la máxima felicidad posible para todos.

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Referencias bibliográficas:
MENDEZ, Nelson. VALLOTA, Alfredo. El anarquismo: una utopía que renace. Revista Utopía y Praxis Latinoamericana, Universidad del Zulia. Maracaibo 2001, vol. 6, núm. 015. Pp. 9-29
BLANCO FOMBONA, Rufino. Discursos y Proclamas, Simón Bolívar. Fundación Biblioteca Ayacucho. Caracas, 2007
Constitución Nacional de la República Bolivariana de Venezuela, 1999
 
Referencias electrónicas:
Biblioteca Católica Digital: El Estado de Derecho. http://www.iidh.ed.cr/siii/index_fl.htm
Enciclopedia Wikipedia en línea: Obra crítica de Inmanuel Kant, Marxismo, Libertad, Comunismo, Centralismo Democrático. www.wikipedia.org

 

 

¡Temed el ejemplo que La Habana dio!: La advertencia a Venezuela

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Hace ya 18 años que la tristemente célebre Revolución Bolivariana se instauró en Venezuela. En el transcurso, el proceso ha mutado de moderado a izquierdista y el camino que lleva lo conduce irremisiblemente hacia una dictadura.

En ese ya lejano 1998 se pensaba que se necesitaba un cambio drástico para encaminar a Venezuela hacia un mejor futuro. Se pensaba, debido a la coyuntura del momento, que no podíamos estar peor. ¡Que equivocados estábamos!.

En aquellos tiempos en que el cáncer revolucionario apenas estaba naciendo, los venezolanos pensábamos que la aplicación de medidas que afectaran su “modus vivendi” no podía hacerse sin que se generara una explosión social. Recuerdo la ingenuidad de mis conciudadanos diciendo: “si tocan la cerveza, el venezolano se va a arrechar” u otras como “eso de hacer la cola por comida o el racionamiento de alimentos, eso es en Cuba, aquí no”; y aún más ingenuas al día de hoy: “con la gasolina no se meten porque el día que lo hagan se les va a venir el pueblo a la calle”, “¿adoctrinamiento en las escuelas?, en Cuba, aquí no lo permitiremos jamás”, “el venezolano es arrecho, aquí jamás nos van a tener como a los cubanos, sumisos”… esa última la pronunció mi padre en aquel momento.

Lo cierto es que aquí estamos, dieciocho años después, con las colas por comida, con escasez y racionamiento, con adoctrinamiento en las escuelas, con licor a precios exorbitantes, y lo peor: sumisos ante este Estado de Facto.

¿Como llegamos a esto?, fácil: por ignorancia, esa ignorancia que da paso a la impulsividad y pone a verdugos de presidentes. Esa ignorancia de no fijarse en las históricas lecciones del pasado.

 

Desde Cuba, con amor

Cuando la Revolución Cubana llegó al poder en 1959, fue recibida con gritos de algarabía. Festejos que fueron atenuándose cada vez más a medida que las balas del paredón de fusilamiento del mal hadado Ernesto “Ché” Guevara iban entintandose con la sangre de la clase educada, de la clase media y aquellos que una vez le dieron impulso económico y logístico a la formación de esa Revolución.

Y es que las similitudes con el proceso venezolano van más allá de las coincidencias que existen en los procesos revolucionarios. Aquí se gestó la sucursal de la Revolución Cubana veinte años antes de que el difunto Chávez jurara ante la “moribunda”, cuando jerarcas actuales como Nicolás Maduro, Tibisay Lucena y otras trágicas figuras de la Revolución Bolivariana, se formaran ideológicamente en la Cuba comunista y permearan en los recintos universitarios, el germen del mal socialista. Fidel Castro lo sabía muy bien y, acostumbrado a usar un arma más letal que cualquier otra que le haya ayudado en su ascenso al poder, la paciencia, esperó.

Encontró un grupo de civiles reaccionarios, se infiltró en un grupo de militares con grandes ambiciones, influyó a través de terceros en una clase media que en la Cuarta República veía como su poder y alcance iba disminuyendo en favor de las cúpulas partidistas que en aquellos tiempos dominaban Miraflores, e hizo, a través de su red de infiltrados que dos sentimientos se fueran apoderando poco a poco de todos: el miedo y la rabia. Conjugas estas dos cosas y obtienes un solo resultado: el cambio. Luego, esperas a que tu semilla eche raíces, crezca, de frutos y se multiplique hasta el punto que sea imposible de erradicar.

Pero el cambio generado a base de miedo y rabia solo puede decantarse hacia el mal y el caos, como tal es la situación en que hoy se encuentra Venezuela.

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Similitudes históricas

Las “coincidencias” que han hecho a la Revolución Bolivariana un símil de la Revolución Cubana van desde sus inicios hasta los actuales días.

En la Cuarta, la clase media, el empresariado y los sindicatos ayudaron a Hugo Chávez a llegar al poder. Durante los años de gestación del movimiento de Castro una clase media cada vez más reducida acudió a este “caudillo de hombres” como balsa de salvamento y junto a ellos, el empresariado y los sindicatos coadyuvaron a forjar ese “mar de la felicidad” donde Cuba, se hundió.

Ya en la Quinta,  el hoy exaltado a “comandante supremo” traicionó a esta clase media y al empresariado, transformando el modus vivendi de los primeros y estrangulando a los segundos a través de expropiaciones y trabas para la producción, con la justificación de darle “soberanía al pueblo” sobre sus recursos (aún no se a que se refieren con eso). Fidel Castro hizo de igual manera: expropiaciones, regularización de la economía y la intervención absoluta del Estado hasta en el modo de caminar de los ciudadanos.

¿Que decir de los sindicatos?, ¿recuerdan a la CTV en Venezuela?, ¿existen sindicatos en Cuba?… si algo sabemos lo que hemos vivido estas revoluciones es que el proletariado deja de ser relevante una vez que triunfa la revolución y es tomado como ganado de pasto por los caudillos gobernantes.

En Cuba, luego de darse cuenta los ciudadanos del verdadero cariz de esa revolución, sucedió algo con lo que quedaba de la clase media y el empresariado, mismo fenómeno que ocurre hoy día en Venezuela: la emigración masiva fuera de nuestras fronteras para intentar proteger sino mantener ese modus vivendi en que se encontraban y que pensaron que en etapas pre revolucionarias estaban perdiendo. En Cuba, aparte de los funcionarios corruptos de Batista y compañía, también se fueron sus ciudadanos de clase media (en su mayoría) y siendo ciudadanos con educación, dejaron sin personal calificado a una Cuba agitada, sembrada de pueblo pobre e ignorante, masa predilecta del comunismo para moldear su ideología.

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Primeros cubanos llegando a Florida (cortesía LIFE)

Venezuela exporta hoy día no solo petróleo sino la emigración más calificada en el mundo, al salir de nuestro país la clase media educada, la masa de profesionales capacitados y titulados en universidades nacionales con prestigio académico, debido a que no encuentran futuro y estabilidad para ejercer su profesión en el país. Venezuela cada día se queda sin más personas con buena educación y con más gente ignorante.

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La mutación de ciudadanos a pueblo

Pero no todas las culpas han de ser asignadas a Fidel, no. Es un hecho que hemos perdido a nuestro país nosotros mismos, nos dejamos “joder”

Nuestro ejército está plagado de traidores a sus principios y de lacayos del servicio de inteligencia cubano G2. El Tribunal Supremo de Justicia está infestado de jueces moralmente rotos y algunos con prontuario criminal, cooperantes de una cúpula moralmente descompuesta en todos sus sentidos. Los demás poderes, postrados ante los militares y el chavismo; y uno, el Legislativo, cooperando entre bambalinas para montar y sostener esta tramoya que escenifica la obra de la destrucción de Venezuela.

Ya las leyes no se aplican (ausencia del Estado de Derecho) y el gobierno se ejerce a discreción de las directrices que se emanan de Cuba, Miraflores y Fuerte Tiuna. Nuestra Fuerza Armada es amoral y corrupta; nuestras ciudades están tomadas por colectivos paramilitares; nuestra tranquilidad está tomada por los pranes de las cárceles y los cuerpos de inteligencia del Estado; nuestra economía secuestradas por militares corruptos que las mal administran y las llevaron a la presente ruina; nuestro país, sepultado por una revolución perversa nacida del resentimiento de sus impulsores y sus simpatizantes, sin ningún sentido de justicia social y un comunismo inyectado desde La Habana; nuestro futuro, en un despeñadero.

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Las riquezas de esta gran nación se encuentran empeñadas o vuelan en los aviones privados de la boliburguesía chavista mientras horas interminables de colas han convencido a la psique del venezolano ignorante que “¡así, así, así es que se gobierna!”, que nos lo merecemos.

Si algo ha logrado la Revolución es hacer a la mayoría del venezolano un parásito que depende de lo que le arrojen para sobrevivir; lo ha convertido en un ser mezquino que revende lo que consigue con tal de sacar el máximo provecho de su “compatriota”; nos ha convertido en una nación de pobres robando a pobres. Ha conculcado los derechos ciudadanos y los ha transformado en dádivas que se dan al mejor patriota cooperante que neutralice a los enemigos de este gran exterminio llamado revolución. Nos ha convertido de Ciudadanos a pueblo, un pueblo ignorante.

 

Temed al ejemplo que La Habana dio

No todos podemos irnos del país, no todos tenemos esa oportunidad o podemos tomar esa decisión. Cuando en 1959 triunfó la Revolución comunista en Cuba, no todos pudieron irse, no todos pudieron tomar esa decisión.

Esa minúscula clase media, buena parte de la gente educada, profesional que no pudo o no quiso salir y gran parte de ese “indómito pueblo heredero de Martí”, jamás pensaron en lo que se convertirían poco a poco, ley tras ley, prohibición tras prohibición, regulación tras regulación… ya no eran ciudadanos con derechos, se convirtieron en pueblo sumiso. Un pueblo al que se le alteró la psique a través de propaganda y represión; al que se le enseñó a creer que sus problemas eran causados por enemigos externos que a través de guerras económicas gestadas por derechas perversas pro yanquis, saboteaban la obra revolucionaria que los llevaría al Estado de Bienestar.

Los venezolanos jamás pensamos que algo similar nos pasaría también. “¡No vale yo no creo!” es lo que se escucha cuando alguna descabellada medida del gobierno se filtra en el ambiente antes de convertirse en realidad, y ¿Y luego?, la expresión de escepticismo muta en “¡ahora si se va a prender el peo!, o “¡esto ya no se aguanta más!” o la más ingenua aún “¡ahora si que el gobierno va a caer!”… todas, frases que esconden el miedo a lo que se objeta con la expresión proferida y varias certezas: la certeza de que ya no somos capaces de hacer nada por defender nuestros derechos, la certeza de que ya nada por más bárbaro y descabellado que sea nos va a sorprender, la certeza de que ese “bravo pueblo” solo quedó en el himno nacional, la certeza de que quizás ya somos sumisos.

A través de propaganda y represión nos han domado. A través retórica populista nos han convencido de que la culpa no es de nosotros ni del gobierno, sino de afuera. A través de la corrupción incentivada de forma sistemática desde el gobierno, nos han hecho esclavos de nuestra necesidad de poner un plato con comida para nuestros hijos en nuestras mesas jugando a arrojarnos sobras mientras los hijos de los jerarcas chavistas se toman selfies en Paris, New York o Dubai que publicarán en cualquier red social de moda.

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Cuando todo está perdido

En Venezuela para referirnos a alguien marginal mentalmente, ignorante a propósito y desconocedor del derecho de los demás se dice que lleva “el cerro en la cabeza” (por ser personas de clase económica baja en su mayoría y vivir en las barriadas que ocupan los cerros de Caracas). Son personas que tienen la desventura de ser el blanco propicio para explotar la propaganda y mentira que emana del gobierno debido a su ignorancia y debido a que por su pobreza incipiente, son más baratos de comprar tanto de conciencia como su fidelidad. Este grupo de personas, mayoría de venezolanos, es el preferido del chavismo para seguir adelante con el saqueo del país blindados por esa masa ignorante que lo defiende a ultranza a cambio de una bolsa de comida, armas y poder para subyugar a sus conciudadanos

Mientras, los estratos más bajos de nuestra alienada sociedad, el pobre que cree en el chavismo, aterroriza a los demás sumisos y se alimenta con la verborrea ideológica generada desde el PSUV. Esos los que si creen en el “patria, socialismo o muerte, ¡venceremos!” son los verdaderos dueños de lo que queda de sociedad en Venezuela.

Esos que se enorgullecen de tener una moto; los que se la dan de malos porque apuntan con una pistola a los profesores en las aulas del liceo; esas las que con quince años son las “valientes guerreras” con dos o más hijos en su haber; esos que invaden y saquean propiedades que si les costó ganar a los dueños, pero que no invaden ni saquean los fundos y empresas de la cúpula chavista; los que se colean, los que compran regulado y revenden a sobreprecio, en fin, el cerro.

Ese es el hombre nuevo que puebla Caracas y las capitales de los principales estados venezolanos. Lamentablemente esta generación de personas insisten en permanecer necios y oídos sordos a la destrucción de su propia nación… morirían por la revolución.

Goebbels y El Ché estallarían en vitores de solo verlo.

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La advertencia a lo que queda de Venezuela

Fuimos una gran nación, la perdimos. No quizás para siempre pero si, durante un largo tiempo, no volveremos a ver a esa Venezuela que una vez fue. La lección que debemos aprender ese remanente que quedó de la sociedad de Derecho y de Justicia es no ignorar las lecciones del pasado; de este presente que es el hoy y que mañana se convertirá en un triste y miserable pasado. Nada es para siempre.

Recordar no subestimar la fortaleza de un régimen que supuestamente está a punto de caer como muchos ingenuamente afirman sobre el chavismo y el infame Maduro. Recordar verse en el espejo de Cuba que ya lleva 55 años de “¡no vale, yo no creo!” y que así continuará por largo tiempo. Recordar que la sumisión nos la sacudimos una vez en el lejano 1810. Recordar que una vez fuimos un bravo pueblo. En nuestros genes está la bravura de quienes a costa de grandes sacrificios y gran derramamiento de sangre forjaron la independencia.

Nuestro enemigo es interno, es la ignorancia. Y mientras continuemos alimentando esa ignorancia, las botas de los que patean nuestros cuerpos en las colas por comida, en las protestas por la inseguridad, en las puertas de nuestros hogares, oscuros sin energía eléctrica, seguirán desfilando como pavos reales, impunes y violadores de nuestros derechos más básicos.

La sumisión es una elección, no una obligación.

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